19/07/2022

Decálogo: Elementos estratégicos para la planificación y gestión de la Infraestructura Verde metropolitana de Barcelona

Presentem un decàleg que té com a objectiu potenciar la Infraestructura Verda per frenar la pèrdua de biodiversitat, adaptar les ciutats al canvi climàtic i convertir-les en espais més sostenibles, resilients i saludables per a les persones

Las áreas metropolitanas están introduciendo en su planeamiento un nuevo paradigma, adoptado por la Unión Europea en tiempos relativamente recientes (European Commission, 2010): cuyos espacios abiertos constituyen, además de un conjunto de hábitats de elevado valor natural , una Infraestructura Verde proveedora de una serie de servicios ecosistémicos de los que depende tanto la calidad de vida de la ciudadanía que habita el espacio construido, como la posibilidad de desarrollar una economía más circular y sostenible que la actual. Este cambio de paradigma se considera esencial para que las metrópolis puedan desplegar el rol que les corresponde en los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos en la Agenda 2030 de Naciones Unidas y asumidos por los gobiernos español y catalán.

Sin embargo, el debate que se ha llevado a cabo para concretar este nuevo enfoque de la interdependencia entre el espacio construido y el espacio abierto también ha puesto de manifiesto la necesidad de conocer y evaluar las interacciones que se dan, o podrían darse , entre estos espacios. Tomar este reto requiere otra mirada sobre los sistemas socioambientales metropolitanos, que identifique su papel en el funcionamiento del territorio y permita cuantificar los flujos de materia y energía que se mueven en ambas direcciones. Esto permitirá comprender cómo este trueque configura una determinada biodiversidad y unas determinadas estructuras de usos del suelo que se expresan en paisajes que deben proveer de unos servicios ecosistémicos vitales por la red de ciudades y la adaptación al cambio global.

La Infraestructura Verde dispone de un marco normativo especificado en el artículo 15 de la Ley 42/2007 y los diferentes marcos estratégicos que la contemplan, tales como el Programa de Infraestructura Verde de Cataluña 2017-21, a nivel catalán; la Estrategia Nacional de la Infraestructura Verde y de la Conectividad y la Restauración Ecológicas, a nivel español; y la Comunicación COM (2013) 249 final de la Comisión Europea. De acuerdo con la definición introducida por esta Comunicación, se entiende por Infraestructura Verda la red ecológicamente coherente y estratégicamente planificada de zonas naturales, semi-naturales y otros elementos ambientales, diseñada y gestionada por la conservación de los ecosistemas y el mantenimiento de los servicios que proveen. Así, es necesario entender la Infraestructura Verde mucho más allá de su valor ecológico vinculado a la biodiversidad o la calidad ambiental, y considerarla como un elemento clave dentro de la red de infraestructuras del conjunto del territorio, y en concreto de los asentamientos urbanos.

El 55.3% de la población mundial (4.220 millones de personas) habitaba en áreas urbanas al terminar la primera década del siglo XXI, y se calcula que un 60.4% de la población mundial (5.167 millones de personas) habitará en una ciudad de al menos 500.000 habitantes hacia 2030 (United Nations, 2019). Este crecimiento urbano supondrá un importante incremento en la demanda de energía, alimentos y materiales, y una expansión del espacio construido de aproximadamente 1,2 millones de km2 en todo el Mundo (Seto et al., 2012). También supondrá una degradación y fragmentación del territorio muy considerable, comportando una grave pérdida de hábitats y especies, comprometiendo la funcionalidad de los ecosistemas y su capacidad para proveer de servicios ecosistémicos a la sociedad (Liu et al., 2016; McDonald et al., 2013).

Este escenario de crecimiento urbano supone grandes retos para la sostenibilidad de las metrópolis, especialmente en relación a la mitigación y adaptación al cambio climático (Demuzere et al., 2014), la disponibilidad y calidad del agua, la provisión de alimentos y otros recursos naturales, o la gestión de residuos (Chen, 2007; Satterthwaite et al., 2010). Estos retos trascienden los límites urbanos e involucran entornos periurbanos y rurales. Por esta razón, una de las preguntas que hay que hacer es cómo planificar el desarrollo de estos territorios altamente antropizados, compaginando el crecimiento poblacional con sus demandas metabólicas, la conservación de los ecosistemas y la protección de la biodiversidad, poniendo el foco en el bienestar humano. Es evidente que para planificar las metrópolis es fundamental una perspectiva socioecológica (Pickett et al., 2001, 2011) y un tratamiento del territorio como sistema (Marull et al., 2008; Padrón et al., 2020).

Esto implica la consideración de una miríada de interacciones entre las perspectivas ecológica, económica, social, cultural y tecnológica, que incluyan elementos clave a lo largo del gradiente urbano-rural. Una aproximación para abordar este reto son las soluciones basadas en la naturaleza (Cohen-Shacham et al., 2016; Maes & Jacobs, 2017), particularmente las relacionadas con la implementación de una Infraestructura Verde metropolitana. Aunque este es un concepto bastante amplio en su definición y aplicación (por ejemplo, podemos hablar de Infraestructura Verde como una herramienta estructural de los paisajes, pero también como un marco estratégico para la planificación territorial), se encuentra relativamente consolidado y actualmente es el foco de importantes debates sobre la sostenibilidad de las metrópolis (Chatzimentor et al., 2020). Entendemos por Infraestructura Verda la red de áreas naturales y semi-naturales, que ha sido estratégicamente planificada y administrada con el objetivo de apoyar a las especies nativas, mantener los procesos ecológicos naturales, sostener los recursos de aire y agua, y contribuir a la salud y la calidad de vida de las comunidades y las personas (Benedict & Mcmahon, 2002). Esta red puede estar constituida por espacios abiertos muy diversos, en zonas rurales y urbanas, tanto terrestres como de agua dulce, costeros y marinos. Incluyen desde parques y reservas naturales, hasta vías verdes y servidumbres de conservación, tierras agrícolas y otros elementos creados por el hombre, tales como ecoductos o carriles bici (Naumann et al., 2011). En este sentido, el concepto de multifuncionalidad de la Infraestructura Verde es fundamental, ya que está directamente asociado a la capacidad que tiene esta red y sus componentes para proveer a la sociedad de importantes servicios ecosistémicos que a menudo carecen de sustitutos (Hansen & Pauleit , 2014; Tzoulas et al., 2007), promoviendo la cohesión social y el funcionamiento de los ecosistemas (Salomaa et al., 2017). Aunque el concepto de Infraestructura Verde se está aplicando cada vez más a nivel internacional, sus principales avances en materia de implementación en diferentes áreas y regiones metropolitanas se han dado principalmente en el Norte Global, y especialmente en Europa, donde logrado consolidarse como un elemento esencial de las principales estrategias para afrontar el cambio climático (EU Adaptation strategy) y la pérdida de biodiversidad (EU Biodiversity strategy 2030). Por ejemplo, esta última estrategia busca la consolidación de una red trans-europea de espacios abiertos, basada en el fortalecimiento de la actual Red Natura 2000, restaurando y conectando mejor los ecosistemas funcionales de los diferentes territorios, mejorando la conectividad ecológica y la provisión de servicios ecosistémicos (European Commission, 2021). Desde la Directiva Hábitats (artículo 10) se insta a los Estados miembros de la Unión Europea a mejorar la coherencia ecológica de la red Natura 2000. En particular, para España, el artículo 46 de la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad emplaza a las comunidades autónomas a fomentar en el marco de sus políticas medioambientales y de ordenación territorial, la conservación de corredores ecológicos y la gestión de aquellos elementos del paisaje y áreas territoriales que resulten esenciales o tienen primordial importancia para la migración, la distribución geográfica y el intercambio genético entre poblaciones de especies de fauna y flora silvestres. Para el caso del área metropolitana de Barcelona, ​​la alta fragmentación de los espacios abiertos, la homogeneización del paisaje y los efectos sobre el cambio climático, entre otros impactos derivados de las actividades urbanas e industriales, son las principales amenazas para a la sostenibilidad de este territorio y el principal desafío para una Infraestructura Verde funcional. Por ello, desde la planificación territorial (como el Plan Director Urbanístico metropolitano, en curso de elaboración), se trabaja para desarrollar herramientas que guiarán las normativas necesarias, a escalas supramunicipales y locales, para conseguir los objetivos de mejora de la conectividad ecológica, naturalizar el territorio, potenciar los valores de la matriz biofísica, y mejorar la eficiencia del metabolismo urbano, minimizando los impactos ambientales potenciando los valores, funciones y servicios de la Infraestructura Verde (AMB, 2020) Sin embargo, a pesar de este marco estratégico y su apoyo político-legislativo, todavía existen retos importantes para la efectiva implementación territorial de la Infraestructura Verde en el área metropolitana de Barcelona. Sin ir más lejos, actualmente está en debate la ampliación del aeropuerto de El Prat, lo que podría ocasionar impactos irreversibles en las escasas zonas húmedas que todavía permanecen en la metrópoli, esenciales para la regulación del sistema hídrico deltaico y la biodiversidad que acoge . Y no hace tanto tiempo (2012), se llegaron a considerar macro-proyectos de ocio y juego, como Eurovegas, que habrían afectado gravemente al Parque Agrario del Baix Llobregat (unas 800 hectáreas), esencial para la provisión de alimentos y el funcionamiento eco-paisajístico de un territorio con tantas presiones urbanísticas e infraestructurales como el metropolitano de Barcelona.

Sirvan estos dos ejemplos para constatar la fragilidad de la Infraestructura Verde metropolitana frente a inversiones económicas con gran capacidad transformadora del territorio, y, por tanto, la necesidad de consolidar, lo antes posible, una Infraestructura Verde que permita afrontar los importantes retos socioecológicos actuales y futuros. Algunas de las preguntas a hacer se refieren justamente a cómo debería hacerse esta implementación territorial de la Infraestructura Verde metropolitana, a escala local pero también supramunicipal, y cómo evaluar su funcionalidad desde un punto de vista sistémico, así como su capacidad de proveer servicios ecosistémicos a la sociedad (Chatzimentor et al., 2020; Slätmo et al., 2019). La todavía ancha, y en ocasiones difusa, definición de Infraestructura Verde, en la práctica no ha permitido converger las visiones de los diversos actores territoriales, para llegar a consensos entre modelo económico, bienestar social, conservación de la biodiversidad y planeamiento urbanístico, ponemos por caso.

Para afrontar este reto, en 2018 se puso en marcha el Laboratorio Metropolitano de Ecología y Territorio de Barcelona (LET). El LET se constituye mediante un acuerdo entre el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), el Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos de Barcelona (IERMB) y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), y forma parte de la red UAB Open Labs. El LET se propone tres objetivos fundamentales: completar y actualizar las bases de datos sobre las variables biofísicas más significativas en la metrópoli de Barcelona, ​​de acuerdo con las administraciones implicadas, para que puedan utilizarse en la planificación sostenible del territorio; realizar un seguimiento de las dimensiones clave (eficiencia metabólica, conservación de la biodiversidad, funcionamiento del paisaje, servicios ecosistémicos, cambio climático y cohesión social) y las herramientas de planificación (infraestructura verde, agricultura periurbana, etc.) del territorio metropolitano; e impulsar la investigación aplicada para generar conocimiento sobre el sistema socioecológico metropolitano, identificando los elementos críticos/estratégicos por el planeamiento y la gestión del territorio.

El objetivo del monográfico recientemente publicado en Papers 64 Retos y oportunidades de la infraestructura verde metropolitana, coordinado por el LET, ha sido evaluar el potencial de aplicación del concepto de Infraestructura Verde metropolitana, a partir de dos perspectivas: primero, la experiencia y los avances observados en el área metropolitana de Barcelona, ​​y segundo, de un conjunto de experiencias internacionales frente a la conceptualización, aplicación, desarrollo y desafíos de la infraestructura verde en diversas regiones globales, como Sur América, Asia, Norte América y Norte de Europa. Los avances conceptuales y metodológicos reunidos en los 18 artículos de Papers son relevantes para la comprensión y aplicación del concepto de Infraestructura Verde metropolitana, pero todavía queda un largo camino por recorrer tanto desde el ámbito académico, como desde el político y técnico .

En síntesis, es necesario introducir en el planeamiento urbanístico y territorial el nuevo paradigma mencionado al inicio de este artículo: la necesidad de una Infraestructura Verde multifuncional que permita proveer de una serie de servicios ecosistémicos esenciales de los que depende tanto su calidad de vida de los ciudadanos, como la posibilidad de desarrollar una economía más circular y sostenible, mitigando y adaptándose al cambio global. Este cambio de paradigma es imprescindible para que las ciudades puedan desplegar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero requiere nuevos criterios y métodos innovadores para el planeamiento de las ciudades en relación con sus metrópolis, además de voluntad política.

En la presentación del monográfico de Papers el pasado 28 de abril en el Palau Macaya de Barcelona, ​​se consensuó, entre todos los autores, un decálogo sobre “Elementos estratégicos para la planificación y gestión de la Infraestructura Verde metropolitana de Barcelona”, con el objetivo que sea de utilidad para una transición socioecológica del territorio metropolitano. Se presenta a continuación:

Decálogo sobre

Elementos estratégicos para la planificación y gestión de la infraestructura verde metropolitana de Barcelona

 

Objetivo principal:

Potenciar la Infraestructura Verde metropolitana de Barcelona como sistema proveedor de múltiples servicios ecosistémicos, a fin de frenar la pérdida de biodiversidad, adaptar las ciudades al cambio climático y convertirlas en espacios más sostenibles, resilientes y saludables para las personas.

Objetivos específicos:

1. Planificar la Infraestructura Verde como condicionante del progreso urbano y territorial sostenible desde una aproximación sistémica.

Elementos estratégicos:

1.1 Caracterizar los elementos y funciones clave de la Infraestructura Verde desde una aproximación sistémica, como base para su planificación e implementación en diversas tipologías urbanas.

1.2 Establecer directrices y normativas vinculantes, así como recomendaciones, que garanticen la planificación de la Infraestructura Verde, adaptándolo a las necesidades concretas de cada escala territorial (urbana, municipal, metropolitana, regional).

 

2. Establecer mecanismos e instrumentos de gobernanza, planificación, gestión y financiación de la Infraestructura Verde desde una visión transversal.

Elementos estratégicos:

2.1 Desarrollar un modelo de gobernanza de la Infraestructura Verde que refuerce el liderazgo público y favorezca la coordinación interinstitucional, intersectorial y las sinergias con los agentes privados y el tejido comunitario.

2.2 Articular instrumentos y mecanismos que faciliten la financiación para el establecimiento y la gestión de la Infraestructura Verde, las soluciones basadas en la naturaleza y los servicios ecosistémicos.

2.3 Establecer acuerdos entre poblaciones y administraciones públicas de diversos ámbitos territoriales a entrelazar para avanzar hacia una integración entre el campo, las ciudades y la metrópoli que permita cerrar los ciclos de agua, nutrientes, alimentos y energía de forma que garanticen la mitigación y adaptación al cambio climático; y el abastecimiento de servicios ecosistémicos.

2.4 Crear mecanismos de coordinación en diferentes escalas administrativas, desde regional hasta la municipal y de barrio, incluyendo el potencial de la participación ciudadana en la gestión de la Infraestructura Verde.

 

3. Regenerar los tejidos urbanos y los nuevos desarrollos urbanos en relación a la Infraestructura Verde siguiendo los principios del urbanismo ecosistémico.

Elementos estratégicos:

3.1 Establecer la reconexión de la ciudad con la naturaleza con la implantación de una red de ejes verdes y parques urbanos a escala metropolitana.

3.2 Implantar el concepto de supermanzanas para construir una trama verde en altura y en superficie en los sistemas urbanos.

3.3 Planificar la infraestructura verde teniendo en cuenta las características de la vegetación y las variables del paisaje visual, sonoro y social.

3.4 Detener la creación de nuevos suburbios y nuevas infraestructuras de transporte en la región metropolitana de Barcelona.

 

4. Conectar los flujos metabólicos que mueve el sistema metropolitano con su Infraestructura Verde siguiendo los principios de la economía circular.

Elementos estratégicos:

4.1 El planeamiento urbanístico debe tener un marco sistémico de evaluación, entendiendo la relación agua-energía-materiales-territorio, para diseñar estrategias eficientes en el uso de recursos y la mitigación/adaptación al cambio climático.

4.2 Utilizar los residuos urbanos orgánicos para suministrar fertilizantes a la agricultura metropolitana, sin grandes infraestructuras nuevas, sino aprovechando las existentes.

4.3 Considerar la relación entre eficiencia metabólica, actividad económica y usos del suelo en el planeamiento urbanístico y territorial.

 

5. Potenciar la estructura funcional de la Infraestructura Verde ampliando y diversificando sus elementos favoreciendo su naturalización.

Elementos estratégicos:

5.1 Potenciar los paisajes en mosaico, evitando la fragmentación de los hábitats y el efecto barrera de las infraestructuras.

5.2 Proyectar y generar nueva Infraestructura Verde a través de la implementación de soluciones basadas en la naturaleza, con una visión sistémica y adaptada a las prioridades de cada escala territorial.

5.3 Deconstruir, restaurar y regenerar espacios y suelos degradados tanto en el ámbito urbano como en los espacios abiertos.

 

6. Mejorar la biodiversidad asociada a la Infraestructura Verde teniendo en cuenta las funciones y servicios que aporta a la sociedad.

Elementos estratégicos:

6.1 Preservar y mejorar el patrimonio natural existente en los hábitats urbanos y periurbanos, su biodiversidad y los servicios ecosistémicos asociados.

6.2 Tratar de forma integral los espacios verdes y agroforestales del territorio metropolitano, desde el jardín privado a los espacios forestales mejor preservados.

6.3 Gestionar las crecientes invasiones biológicas que pueden afectar negativamente al funcionamiento general de la biodiversidad.

 

7. Poner en valor las funcionalidades de la Infraestructura Verde contemplando soluciones ecosistémicas y basadas en la naturaleza.

Elementos estratégicos:

7.1 Mejorar la conectividad ecológica y social de la Infraestructura Verde urbana y su continuidad con la Infraestructura Verde periurbana y regional.

7.2 Preservar los espacios del ciclo natural del agua para garantizar la conectividad ecológica y la regulación hídrica y térmica del territorio

7.3 Aprovechar el paisaje en mosaico en el entorno periurbano para favorecer el cierre de los ciclos metabólicos (agua, energía, nutrientes, alimentos), aumentando su eficiencia y reduciendo las externalidades negativas de la ciudad.

7.4 Garantizar la coherencia y la integración de las distintas escalas de la Infraestructura Verde (urbana, municipal, metropolitana y regional) para maximizar las funciones ecológicas y los servicios ecosistémicos.

 

8. Diversificar los servicios ecosistémicos de la Infraestructura Verde como la producción agroecológica, la regulación climática y los espacios culturales y de ocio.

Elementos estratégicos:

8.1 Potenciar la Infraestructura Verde como espacio donde la ciudadanía pueda desarrollar actividades socio-culturales y de ocio, mejorando su bienestar y salud.

8.2 Incrementar los servicios de aprovisionamiento de alimentos mediante la recuperación y reconversión de suelos agrarios hacia la producción agroecológica

8.3 Optimizar la capacidad de la Infraestructura Verde como prestadora de servicios de regulación climática y reducción de riesgos naturales y minimización de impactos de los episodios meteorológicos extremos.

8.4 Avanzar en la integración multiescalar de los diversos espacios de Infraestructura Verde que deben constituir un territorio agroecológico donde la circularidad bioeconómica entre el campo, las ciudades y la metrópoli se convierta en una realidad.

 

9. Desarrollar metodologías que permitan una evaluación integral de Infraestructura Verde como herramientas imprescindibles para la sostenibilidad urbana.

Elementos estratégicos:

9.1 Mejorar el conocimiento de la Infraestructura Verde y desarrollar indicadores para caracterizar sus elementos, funciones y servicios en las distintas tipologías urbanas, agrarias y de espacios naturales protegidos.

9.2 Desarrollar herramientas multicriteriales que permitan modelizar de forma sistémica la multifuncionalidad de la Infraestructura Verde y faciliten el cálculo de escenarios de planeamiento (usos del suelo, transición ecológica, cambio climático).

9.3 Establecer procedimientos de evaluación periódica del estado de la Infraestructura Verde, de la consecución de los objetivos de planeamiento, y de rendimiento de cuentas de las iniciativas realizadas.

9.4 Impulsar proyectos de ciencia ciudadana como nuevo método de obtención de datos sobre biodiversidad y promover los valores socioambientales.

 

10. Crear conciencia social e implicar a la ciudadanía en el desarrollo de la Infraestructura Verde como apoyo de la salud y el bienestar de las personas.

Elementos estratégicos:

10.1 Desarrollar iniciativas de comunicación ciudadana para la puesta en valor de la Infraestructura Verde, y en concreto de las soluciones basadas en la naturaleza, y de los servicios ecosistémicos que aportan.

10.2 Promover la implicación activa de personas y colectivos diversos en el impulso y desarrollo de acciones que favorezcan a la Infraestructura Verde, incluyendo la recuperación y potenciación de nuevas actividades agrarias, ganaderas y forestales orientadas a la transición agroecológica.

10.3 Diseñar la Infraestructura Verde para promover la salud y el bienestar de la ciudadanía, en relación con el contexto urbanístico y social.

 

Referencias

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